Hablemos claro de RSC para mejorar el mundo

Cuando la Responsabilidad Social Corporativa esté en el interés de todos nosotros como consumidores, seremos capaces de cambiar el mundo, por eso merece la pena entenderla.

Cambiar el mundo es posible. Se trata de cambiar, claro está, lo que no funciona. Y desgraciadamente hay muchas cosas que no cumplen algunas reglas básicas del buen funcionamiento, como serían generar el máximo beneficio común o garantizar la supervivencia a futuro. Esto es lo que persigue la gestión de empresas e instituciones que se basan en la Responsabilidad Social Corporativa, un concepto aún desconocido para la mayoría que sin embargo es fundamental que entendamos y exijamos todos.

Las organizaciones que practican la RSC y sus dirigentes, los profesionales que nos dedicamos a impulsarla, y las instituciones públicas -sobre todo las instituciones públicas- tenemos que hablar más y más claro de lo que es la Responsabilidad Social Corporativa, un concepto que ha llegado para quedarse.

“Pero de qué me hablas”

En el ámbito de la gestión empresarial, la RSC ya no es ese palabro raro que quedaba bien en según qué ambientes. Las estrategias de negocio basadas en la ética y la creación de valor social son una tendencia internacional que cada vez más empresas están comprobando que funciona. Y sin embargo la gran mayoría de los ciudadanos no saben todavía lo que es, aunque emocionalmente ya la están exigiendo.

Hace unos días compartía autobús con unos cincuenta desconocidos de camino a una más que recomendable actividad organizada de turismo activo: recorrer el impresionante Caminito del Rey que atraviesa el Desfiladero de los Gaitanes en Málaga. La mayoría éramos de Huelva, así que fue inevitable ese momento divertido de las presentaciones con los vecinos de asiento: cómo te llamas, a qué te dedicas… Y de pronto, el vecino de delante, mi ocurrente y desde entonces amigo Nacho, dice: “¡Pero si tú eres la del periódico! A ver, ¿qué es eso de lo que me hablas todos los domingos?”. Y ahí fui consciente de que tenía que hacer algo al respecto.

Lo que de verdad es la RSC

La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) es una herramienta, una guía para gestionar organizaciones buenas para el mundo de forma que eso, ser buenas, les sea útil y rentable. Por eso es una gran herramienta.

Con la RSC, las empresas y las instituciones -que no se nos olviden las instituciones-, se toman en serio el mundo en el que trabajan y las personas para las que trabajan y lo hacen con visión de futuro a largo plazo. Eso les ofrece beneficios directos, algunos muy rápidos y todos sostenidos en el tiempo, que mejoran sus resultados sociales, ambientales y económicos.

Porque partimos de un hecho inexorable: la Responsabilidad Social Corporativa es inevitable para todas las organizaciones, porque todas tienen un impacto social, económico y ambiental con las actividades que desarrollan y, por tanto, deben hacerse responsables de esos impactos. De ahí el término responsabilidad.

Da igual que se dediquen a hacer zapatos, a venderlos o a orientar a las personas a saber cuál se compran, y por supuesto da igual que sean organizaciones pequeñas, micropequeñas o hipergrandes. Todo lo que hacen tiene un impacto triple inevitable: procesos productivos, oficinas, coches comerciales… hasta trabajando desde casa se tienen esos tres impactos.

Lo que cada vez es más difícil, y menos mal, es no responsabilizarse de esos impactos y ahí es donde entra la RSC sistematizada, o lo que es lo mismo, la RSC, que empiezan a exigir primero la ley, luego el mercado y después el sentido común de los empresarios cuando comprueban que funciona.

Tres niveles de exigencia en RSC

El primer nivel de RSC que se exige a una organización responsable es que cumpla con la ley. Con todas las leyes que le tocan. Es el nivel más básico, que ya no es cuestión de parecer bueno sino de serlo, y que cada vez es más difícil incumplir. Los beneficios de este primer nivel son la satisfacción de los empresarios y dormir a pierna suelta. No es poca cosa según evoluciona la legislación.

El segundo nivel está un pasito más allá de cumplir la ley. Es el de la RSC que exige el mercado, que exigimos todos nosotros al consumir unos productos o servicios y no otros. En este nivel están las organizaciones que han empezado a intuir que ser responsable de sus impactos sociales, ambientales y económicos les genera beneficios: ahorros en consumo de recursos, menos conflictos sociales, más competitividad, mejor imagen, más ventas, plantillas más productivas… Lo único que deben hacer es pararse a medir sus impactos e idear formas de mejorarlos. Simple, que no fácil.

Y el tercer nivel de la RSC es el que exige la visión a largo plazo de las organizaciones, que ya están convencidas de que otra forma de hacer negocios es posible y además es necesaria. Por eso apuestan por una gestión que no lleve la actividad al suicidio.

¿Dirían ustedes que funciona un modelo económico en el que se concentran las riquezas cada vez en menos personas? ¿Podemos calificar de funcional el consumo de recursos naturales desproporcionado que no da tiempo siquiera a la regeneración de los que provienen de fuentes renovables? ¿Es lógico mantener modelos productivos que agotan sus materias primas o aumentan la brecha social?

La Responsabilidad Social Corporativa consiste en poner los objetivos económicos, sociales y ambientales de cualquier organización al mismo nivel de exigencia y de esfuerzo en la gestión del día a día. Y cuando todos lo entendamos y lo exijamos, habremos garantizado la supervivencia de nuestra sociedad. Por eso, por la importancia de que estemos enterados y convencidos, hoy quiero agradecer a todas las personas, y especialmente a Nacho, que hayan llegado hasta este punto y final. Gracias.

Fuente : Huelva Información. 09.10.2017