“Si el siglo XXI funciona será porque la mujer tendrá una participación cada vez mayor en la organización de la sociedad, (…) porque la mujer es el núcleo de la familia, y ésta, la base de la sociedad”. Son palabras proféticas del profesor Juan Antonio Pérez López, ex director general del Iese, en 1994, anticipando la importancia del trabajo que hace muchos años venimos realizando. Desde la Cátedra Carmina Roca y Rafael Pich-Aguilera Mujer y Liderazgo del Iese, y desde el Centro Internacional Trabajo-Familia (ICWF), estudiamos, medimos y seguimos el espectacular avance de la mujer en la sociedad, para potenciar aún más si cabe su contribución, si bien notamos los diferentes techos de cristal y de cemento con los que se topa.

Los techos de cristal son los que se imponen desde el exterior. Vienen marcados por horarios y estilos de dirección rígidos que causan el presentismo y que dificultan la conciliación entre el trabajo y la familia, así como por ciertos estereotipos derivados del sesgo inconsciente que lleva a juzgar los comportamientos según un perfil masculino, sin valorar las sinergias que se obtienen al trabajar de la mano dos realidades complementarias: masculinidad y feminidad.

La falta de compatibilidad entre la vida laboral y la familiar es el mayor obstáculo para el desarrollo del talento femenino. Por ello, resulta vital involucrar desde el principio a toda la familia en la llamada conciliación, que consiste en integrar la vida en sus distintos ámbitos, sabiendo que construir hogar concierne a todos. También es necesario el apoyo real y efectivo a las familias por parte del Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos: más plazas en escuelas infantiles, más dinero por hijo nacido y cheques de servicio universal como en Francia, que abaratan cualquier ayuda en el hogar. Además, hay que volver a nuestro huso horario (Greenwich), adelantar la hora de comer y recortar tiempos muertos, adaptando los horarios laborales a las necesidades de la mujer y el hombre de hoy.

Los techos de cemento son los que se autoimpone la propia mujer. Son todas aquellas barreras internas que tienen que ver con la falta de confianza, el perfeccionismo o el miedo al fracaso, y que se han venido llamando el síndrome del impostor, porque la mujer cree que no merece el puesto que le han dado. La idea masculinizada del éxito, basada en el poder, el dinero y los resultados visibles y cuantificables (éxito externo), da paso a una concepción más amplia y femenina del mismo: la felicidad humana y el bienestar interior (éxito interno).

El 98% de las mujeres considera que estar bien consigo misma es clave para desarrollar su talento. Cada mujer, al igual que el hombre, debe alinear cabeza y corazón, lo cual significa dos cosas: que ambos órganos estén en sintonía, que hablen el mismo lenguaje y que ambos estén en sincronía, es decir, que lo hablen y sientan al mismo tiempo.

Cuando fui candidata de España para el Cedaw (Comité Antidiscriminación de la Mujer) en la ONU, en 2012, mi propuesta para salir de una sociedad líquida y frágil, y construir una sociedad cohesionada y sostenible quedó recogida en un programa que compartí con casi 100 embajadores ante Naciones Unidas y que se resume en tres F, que deberían ser criterios omnipresentes en la toma de decisiones políticas y empresariales: feminidad (abrir el ojo femenino, durante tantos años cerrado a espacios de poder, para enfocar con mayor nitidez los problemas que vivimos y su solución); familia (nadie es una isla en el océano, todos nos debemos a alguien: hijos, padres…); y flexibilidad (en dirigir a las personas según sus necesidades cambiantes en las diferentes etapas familiares y personales).

En 2002, cuando empezábamos a estudiar la escasísima presencia de mujeres en Consejos de Administración (2% en el Ibex), un headhunter me comentó que para estar en un Consejo “había que tener pecas en las manos”. Han pasado muchos años y muchas cosas… y la presencia en los Consejos va de mucho más que de edad. En una sesión del curso Mujeres en Consejos, Reyes Calderón, entonces consejera en varias empresas y decana de Económicas de la Universidad de Navarra, nos dijo que de la naturaleza propia de la mujer se deriva la competencia que hoy más valoran muchos headhunters: la confiabilidad, o sea, que lo que dices, haces y piensas coincida. Además, la experiencia que la mujer tiene en la familia conlleva el desarrollo de muchas competencias necesarias en las empresas, entre otras, la capacidad de perdonar y pedir perdón, lo que la hace más creíble y más constructora de puentes.

En España, el avance de la mujer en la sociedad y en el mundo laboral ha sido rápido y espectacular. Pero al entrar en un mundo pensado por hombres y para hombres del siglo anterior, algunas han mimetizado al varón de entonces y han olvidado su feminidad, retrasando la maternidad y, en muchos casos, renunciando a ella. ¡Craso error! Necesitamos mujeres femeninas con éxito equilibrado en sus trayectorias vitales (profesionales, familiares, personales) que puedan ser referente de las que van llegando, para que les abran posiciones y les motiven a seguir siendo lo que son en su esencia. De hecho, éste podría ser el siglo de oro de las mujeres. Nunca antes tuvimos tantas mujeres tan preparadas y con tantos recursos para poder llevar adelante los cambios necesarios para construir una sociedad plural, eficiente, sostenible, feliz y en femenino. Mano a mano con los hombres, ¡por supuesto!

Tras recibir la Cruz de Oro de la Fundación de Fomento Europeo, voy a seguir impulsando desde mi cátedra del Iese, con mayor empeño e ilusión si cabe, estudios que profundicen en diagnósticos realistas de la situación actual y del tipo de liderazgo necesario para seguir avanzando con las tres F (feminidad, familia y flexibilidad) hacia las seis C (complementariedad hombre-mujer, cuidado de la casa común sin olvidar a sus habitantes, competencias de liderazgo, corresponsabilidad, compromiso y confianza), seis C indispensables para construir una sociedad más justa, más eficiente y más humana.

Nuria Chinchilla es profesora del Iese y titular de la Cátedra Rafael Pich y Carmina Roca Mujer y Liderazgo.

Fuente : www.elmundo.es 12/04/2018